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Nov 25,2006

Nuevo expediente pondría en la mira a Casa Saba

Fuente: [ Sabrina ] Xtremo News

Revelaciones plasmadas en diversos documentos demuestran cómo aún siguen
las prácticas ilegales en la distribución de medicamentos, donde un aparente arreglo en 2005 impidió que fueran sancionados quienes afectan a millones de personas.

Un nuevo expediente que obra en poder de Vértigo pondría otra vez en la mira a Grupo Casa Saba, distribuidora de medicamentos que sigue ejerciendo un voraz monopolio que afecta la salud y la economía de los mexicanos.
El expediente, en el que se detallan las acciones y operaciones emprendidas por Casa Saba para asfixiar a la competencia y consolidar su posición de privilegio, sumado a las recientes reformas hechas a la Ley Federal de Competencia Económica (lfce), podrían poner en jaque a su propietario, el rey del intermediarismo farmacéutico Isaac Saba Raffoul, ya que no sólo fortalecen el marco de sanciones frente a prácticas monopólicas sino que además amplían las facultades de la entidad encargada de combatirlas: la Comisión Federal de Competencia (Cofeco).
Por esa razón y tal como lo anunciamos en nuestro número anterior, continuamos investigando y analizando la denuncia que Grupo Roche presentó en contra de Casa Saba por el oligopolio que detenta en el mercado de distribución de medicamentos, cuyas acusaciones y pruebas están contenidas en más de tres mil fojas que integran el expediente.
Las pruebas son contundentes. De acuerdo con la descripción de prácticas monopólicas presentada por Roche ante la Cofeco en 2004, Casa Saba abusa de su poder sustancial en los llamados mercados relevantes identificados como aquellos donde presta los servicios de distribución y comercialización de productos farmacéuticos al sector privado en las ocho regiones que conforman el país, práctica que continúa.
Así queda demostrado que Casa Saba no sustenta sus ganancias en mejor capacidad empresarial o mayor calidad de los servicios que ofrece sino en el abuso de poder que ejerce en el mercado de distribución en detrimento de millones de pacientes y enfermos en el país, que ven cómo este intermediario encarece los precios de sus medicamentos de primera necesidad gracias a sus prácticas monopólicas.
Todo esto se debe a que Casa Saba desplaza a sus competidores al conseguir ventajas anticompetitivas en lugar de aprovechar las economías locales para participar de manera equitativa con otros competidores, situación que hoy impera con las consecuentes afectaciones que produce en el consumidor final.
Pero a pesar de las evidencias y los casos con los que, de acuerdo con el expediente, se comprueba la existencia del monopolio, Cofeco desechó en 2005 la controversia sobre las prácticas de dominio que había interpuesto meses atrás Grupo Roche. Una de las razones aducidas por la entidad reguladora fue que este laboratorio retiró la demanda. La realidad es que la firma suiza llegó a un acuerdo con Saba, fuera del juicio que llevaba la Cofeco, tal como documentó Vértigo en sus números 249, 252, 255 y 295.
Y es que al ceder a las presiones y amenazas de Casa Saba, Grupo Roche permitió a ésta seguir contando con capacidad ilimitada para incrementar de manera dolosa sus ventas en los puntos de venta minorista, al manejar márgenes mayores que el resto de los distribuidores y eventualmente desplazarlos.
Al haberse cerrado el caso, Casa Saba logró además evadir una multa de ocho millones de pesos por las prácticas anticomercio que quedaron demostradas en el expediente. Casa Saba y Nadro —la segunda distribuidora en importancia en el país— manejan 90% del mercado de distribución a farmacias y hospitales privados.
No hay competencia de por medio y la usurpación del mercado nacional sigue a su máxima expresión.
No importan los enfermos
Pero los platos rotos los están pagando aquellos que por desgracia padecen alguna enfermedad y no cuentan con los recursos suficientes para afrontarlas debido a los elevados costos que el monopolio de Casa Saba impone en los medicamentos.
No sólo eso, muchas de las pequeñas farmacias, aquellas a las que acudían familias enteras a surtir sus recetas a precios módicos, y que podían encontrarse prácticamente en cada esquina, se han visto en la necesidad de cerrar debido a la competencia desleal que enfrentan.
Todo esto se quiso evitar hace un año, pero fue inútil. El caso es que la práctica monopólica continúa, por lo que la Cofeco tiene la obligación de investigar de oficio y no sólo a petición de parte sobre este caso, más ahora que las recientes reformas a la ley la han dotado de una nueva armadura que le permite combatir con mayor eficacia prácticas que laceran la libre competencia y producen severos daños a un sector importante de la población.
Dada su amplia cobertura, la firma de Isaac Saba tiene la posición dominante. Esta circunstancia le permite fijar las condiciones de distribución a los laboratorios farmacéuticos que, indefensos, ven cómo se queda con gran parte de las ventas por las altas comisiones que cobra.
Actualmente los laboratorios carecen de opciones reales para contrarrestar la imposición de precios que ejerce Casa Saba. Esto significa que si dichos laboratorios colocaran sus productos a través de los distribuidores regionales se encontrarían con una importante disminución en sus ventas debido a que éstos carecen de la capacidad de logística y cobertura con que cuenta Casa Saba, lo cual origina que los consumidores finales paguen más por el producto.
Más aún, en el largo plazo los laboratorios se volverían peligrosamente dependientes de un solo distribuidor, al representar éste un porcentaje muy elevado de sus ventas, siendo los más afectados los consumidores de más bajos recursos.
Primero Saba,
después los pacientes
Una barrera que enfrentaría un nuevo competidor que estuviese interesado en participar en estos mercados de distribución sería no disponer de gran capital para construir una red capaz de atender a los más de 23 mil puntos de venta establecidos en las grandes ciudades y miles de lugares distantes.
Este nuevo competidor tendría que adaptar centros de distribución, rentar oficinas regionales, adquirir y mantener unidades de transporte y contar con una numerosa fuerza operativa de ventas, e invertir en los más avanzados sistemas tecnológicos e informáticos para llevar su red de pedidos, distribución, logística, inventarios y facturación. Peor aún: según estimaciones para desarrollar y adecuar un centro de distribución automatizado y eficiente se requiere extremada paciencia: sólo el proceso de planeación podría llevar dos años de trámites burocráticos.
Al momento, salvo Nadro, no existe ningún otro distribuidor con cobertura nacional. El resto sólo cuenta con presencia en uno o dos mercados. Por ello Casa Saba y Nadro tienen superioridad en términos financieros y materiales, lo que les permite satisfacer antes que nada sus intereses y después los de la población.
Este factor les da ventaja en acceso a financiamiento dentro de la banca comercial. Pululan los créditos otorgados a Casa Saba para construir nuevos centros de distribución ampliando su influencia. El capital de ambos concentradores cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores. En el caso de Casa Saba cotiza inclusive en el mercado de Nueva York, mientras que en los lugares más remotos y empobrecidos del país se las ven sumamente difícil debido a que tienen que surtir sus recetas al doble del precio originalmente fijado por el fabricante, ya que Casa Saba cobra su respectiva “comisión”, evidentemente encareciendo el producto.
Hay que añadir que los laboratorios farmacéuticos carecen de opciones para la distribución de sus productos, y que si quisieran venderlos directamente no sólo les representarían inversiones estratosféricas, sino que además tendrían que adentrarse en una actividad que desconocen. No hay salida: el rey del intermediarismo, Isaac Saba, tiene copado el mercado interno de distribución de medicamentos y esa posición de privilegio explica la razón por la cual está dispuesto a todo, con tal de no ver amenazados sus intereses.
Las cosas podrían cambiar
Habilidoso y escurridizo para evadir la ley; administrador insaciable de sus fortunas —muchas, por cierto, mal habidas—, y mañosamente montado en un marco jurídico que le era perfectamente útil para saciar sus intereses, Isaac Saba tiene hoy de qué preocuparse.
Las importantes reformas realizadas este año a la Ley Federal de Competencia Económica no sólo han fortalecido las facultades de la Cofeco en su tarea de perseguir y sancionar actividades monopólicas, sino que han igualmente robustecido el espectro de prácticas que a partir de la nueva ley serán motivo de sanción, además de que se elevaron las penas que serían aplicadas a aquellas empresas que, con su actividad atenten contra la libre competencia.
Ante la evidencia de los hechos sería pertinente que la Cofeco, con la nueva y poderosa dentadura que le otorgan las reformas hechas a la ley, reabra el caso de Roche para evitar que el monopolio de Casa Saba siga lucrando con la salud de los mexicanos.
Algunas de estas disposiciones que podrían servir a la Cofeco para retomar la investigación son: una adición al artículo 9 de la Ley Federal de Competencia Económica, en la que se consideran prácticas monopólicas absolutas los acuerdos entre competidores para adquirir solamente una cantidad restringida o limitada de bienes o la prestación o transacción de un número, volumen o frecuencia restringidos o limitados de servicios.
Otra reforma establece que se agregan en el artículo 10 de la misma ley algunas de las disposiciones del reglamento como la depreciación, los descuentos condicionados a exclusividad, los subsidios cruzados y la manipulación de precios, así como los actos tendientes a incrementar los costos, obstaculizar el proceso productivo o reducir la participación de competidores.
Éstas, que son sólo algunas de las reformas hechas a la ley, tocan precisamente varias de las prácticas monopólicas que, tal como se ha analizado en el expediente, son ejercidas por Casa Saba.
En efecto, la concentración de mercado sigue impuesta por Isaac Saba. Pero hoy, frente a la nueva reglamentación, este monopolio y las severas afectaciones que produce en la salud y la economía de los mexicanos, sin duda será frenado.
Vértigo, por su parte, continuará con esta investigación a fin de sacar a la luz pública casos que requieren al menos ser expuestos al escrutinio público. Resulta inconcebible que la ambición y el abuso de un solo grupo siga en la impunidad en detrimento de millones de enfermos que hoy se ven agraviados por la desmesurada ambición de Isaac Saba, quien con tal de incrementar su patrimonio es capaz de todo, incluso de lucrar con la salud de los mexicanos, como hasta ahora.

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