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Nov 25,2006

Implicaciones nacionales e internacionales

Fuente: [ Sabrina ] Xtremo News

Las elecciones del 7 de noviembre cambiaron el panorama político de Estados Unidos, prepararon el escenario para la elección presidencial de 2008 y tuvieron un impacto inmediato en la política sobre Irak. Al mismo tiempo tienen importantes implicaciones para la comunidad hispana, en especial para México.
El Partido Demócrata ganó una batalla decisiva al tomar control de la Cámara de Diputados, del Senado y obtener la mayoría de las gubernaturas, incluyendo estados como Ohio, que son decisivos en las elecciones presidenciales.
Nancy Pelosi, hasta ahora lideresa de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes será su vocera, mientras Harry Reid, actual líder de la minoría demócrata en el Senado será su nuevo presidente. La victoria de Pelosi marca un hito histórico ya que obtuvo por elección la posición más poderosa que haya alcanzado una mujer en la historia de Estados Unidos. Como vocera estará en segundo lugar en jerarquía sólo por debajo de la vicepresidencia. El vocero de la cámara ha sido generalmente quien tiene la segunda posición más poderosa en el gobierno de Estados Unidos, controla la agenda legislativa y establece las prioridades en el Capitolio.
Antes de la elección los republicanos tenían ventaja de 228 a 204 en la cámara baja (de 435 lugares había dos vacantes y uno independiente). Tras su victoria, los demócratas tendrán ventaja al menos de 230 contra 196 (algunos todavía no están decididos). Es un triunfo sólido pero no arrollador si lo comparamos con otros resultados.
Se esperaba la victoria en la cámara baja, mientras que en el Senado parecía posible pero poco probable. Este último estaba compuesto por 55 republicanos, 44 demócratas y un independiente. Los demócratas necesitaban ganar seis de los siete escaños en disputa y para sorpresa general los ganaron.
Aunque no resulta importante en términos legislativos el balance de las gubernaturas de los 50 estados, sí lo es en lo político, particularmente en Ohio, Florida, Iowa, Pennsylvania y Missouri, conocidos como oscilantes en sus preferencias y muchas veces decisivos en las elecciones presidenciales. Los demócratas tenían 22 gubernaturas contra 28 de los republicanos; ahora las cifras están al revés, luego de la recuperación de seis gubernaturas por los demócratas. Esta victoria representa una poderosa ventaja para las elecciones presidenciales en 2008. En los últimos 100 años ningún candidato republicano ha llegado a la presidencia sin haber ganado Ohio.
Significado de las elecciones
Más que una victoria demócrata, las elecciones representaron una gran derrota republicana. Los demócratas no ofrecieron ninguna visión, estrategia o camino alterno para el país que atrajera el apoyo de los votantes. El aspecto que marcó el resultado se explica predominantemente por el masivo voto de castigo contra la guerra en Irak, así como contra la corrupción de los congresistas y cabilderos republicanos que encubrieron a Mark Foley (republicano que se insinuó sexualmente a jóvenes becarios). Existe una fuerte percepción de que el país está en el camino equivocado bajo el liderazgo republicano: el déficit aumenta, no hay seguridad en el empleo y la salud quedará cada vez más lejos del alcance de la clase media.
Irak fue el elemento más importante. La falta de una ruta y estrategia claras provocó que el porcentaje de aprobación de Bush cayera a rangos a los que ningún presidente había llegado en los últimos 25 años. La prueba de la importancia de Irak y el reconocimiento de la necesidad de modificar la estrategia en este conflicto se reflejaron en el despido del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, al día siguiente de las elecciones. Rumsfeld era el símbolo de la continuidad en Irak y al despedirlo el presidente dio señales de que está listo para un cambio.
Fue una de esas raras ocasiones en que las elecciones legislativas son nacionales, no locales. Las encuestas muestran que el electorado votó masivamente en repudio al liderazgo republicano, más que por el atractivo que representaban los candidatos demócratas. Los republicanos que sobrevivieron son los más conservadores y de extrema derecha, que compitieron en distritos considerados seguros para su partido, la mayoría en estados religiosos del sur y el oeste. El republicanismo moderado resultó muy dañado en esta elección —casi ya no quedan legisladores de ese partido en el noreste y el oeste medio, y hay pocos en Florida y California.
¿La rifa del tigre?
Los demócratas no ganaron un mandato sino la oportunidad de demostrar su capacidad de impulsar nuevas políticas y un liderazgo que responda mejor a las necesidades y deseos de un electorado ansioso de que se alcance lo que Bush y los republicanos ofrecieron y no cumplieron. Lo que hagan en los siguientes dos años determinará si recuperan la Casa Blanca; en este sentido las pasadas elecciones pudieran resultar la rifa del tigre que los lleve a perder todo en 2008. Los demócratas no la tienen fácil. La base partidista pretende llevar a cabo investigaciones sobre la gestión de Bush e incluso destituirlo. Sin embargo, si los demócratas siguen ese curso enajenarán al electorado y perderán en 2008. Tendrán que mostrarse hábiles para gobernar con Bush por el bien del país y al mismo tiempo ofrecer opciones. Su más importante objetivo debe ser recuperar el centro político que los republicanos abandonaron por su inclinación hacia la derecha religiosa.
El nuevo liderazgo parece reconocer esto. Harry Reid y Nancy Pelosi dieron señales de que trabajarán con el presidente Bush para encontrar soluciones adecuadas a los principales problemas del país y no incurrirán en actitudes de revancha política. Sin embargo esto no está garantizado: habrá 19 presidentes demócratas de comisión y al menos uno ha dicho que desea explicaciones sobre los errores en Irak. Si esas explicaciones contribuyen a propiciar estabilidad política será estupendo, pero si se percibe que su intención es abrumar a Bush los demócratas pagarán un alto precio en 2008.
Implicaciones
El color y la textura del nuevo Congreso aún tienen que establecerse. El liderazgo e integración de las mayorías demócratas son muy diferentes a las del partido que perdió el control legislativo en 1994. Habían controlado las cámaras por 40 años y estaban más a la izquierda que ahora. En 1994 Newt Gingrich lideró una rebelión republicana contra Bill Clinton. Los demócratas se han movido hacia el centro y sin duda están proponiendo muchos temas tradicionalmente republicanos, incluida la necesidad de un manejo fiscal más prudente y algunos recortes a los impuestos a la clase media.
La agenda demócrata incluye el aumento al salario mínimo, propiciar que el gobierno negocie con las compañías farmacéuticas para bajar el precio de las medicinas, aumentar la seguridad en los puertos, aplicar las recomendaciones que hizo la comisión sobre el 11-s, ofrecer crédito al impuesto y facilidades para la educación universitaria, reformar las prácticas de cabildeo y propiciar una mayor ética, en contraste con la corrupción republicana, además de brindar transparencia a los procesos legislativos.
Por otro lado el Partido Demócrata no ha perdido su tendencia proteccionista. Probablemente no veremos mayor apertura comercial ni se impulsarán más tratados comerciales. Los demócratas recién elegidos están haciendo un llamado a tomar medidas que protejan la industria automotriz y solicitar que el mercado coreano se abra a los vehículos estadunidenses o las importaciones coreanas se verán limitadas. También van a presionar sobre la paridad del yen para impulsar las exportaciones a ese mercado.
En cuanto a política exterior esta elección impedirá a Bush mantener su estrategia en Irak y se deberá definir un nuevo rumbo. Nadie sabe cuál será, pero probablemente incluya una reducción o reorganización de las tropas en Irak en el corto plazo —a lo que Bush se había opuesto terminantemente. Evidentemente esto animará a los enemigos de Estados Unidos en Oriente Medio, quienes verán una oportunidad para deteriorar el prestigio y poder estadunidense en la región. El reto para Bush es encontrar la manera que permita al país declararse victorioso y salir de Irak. No será fácil.
Implicaciones para México
Con el tlc en vigor no hay peligro de que la postura proteccionista del nuevo Congreso afecte la relación comercial de México y Estados Unidos. Está firme y México puede seguir contando con comercio abierto y clima favorable para la inversión.
En el tema migratorio podría haber buenas noticias, luego de que la anterior mayoría republicana aprobó una ley draconiana de inmigración que ordena la construcción de 700 millas adicionales de barda a lo largo de la frontera para impedir el paso de indocumentados, la imposición de severas penas criminales y civiles para los traficantes de personas, así como para quienes emplean extranjeros indocumentados, además de incrementar las medidas para repatriar a los ilegales.
Probablemente se revise esta ley. La construcción del muro continuará pero los demócratas han tratado y seguirán tratando de incluir un programa de trabajadores huésped para los mexicanos, así como una vía por la cual los indocumentados puedan legalizar su situación y conseguir la ciudadanía.
Para el resto de la agenda bilateral —ambiente, tráfico de drogas, transporte y comunicaciones, entre otros— no se esperan muchos cambios a excepción del medio ambiente, el cual es más importante para los demócratas de lo que ha sido para los republicanos.
El periodo de dos años en que van a cohabitar George Bush y un Congreso demócrata está a punto de empezar. No pasará mucho tiempo para que las ambiguas líneas de la relación queden claras. Todo estará matizado por la carrera presidencial de 2008, pero se espera que ambas partes trabajen para identificar los problemas que afectan a Estados Unidos y tienen efecto negativo en sus relaciones con el mundo. Por su parte México debe establecer su política exterior considerando que su relación con Estados Unidos es quizá la más importante, pero de ninguna manera tan exclusiva como para que se olvide de Latinoamérica y desista de ejercer su liderazgo e iniciativas en la región.
(Traducción Claudia Derbez)
* Manfred Schweitzer sirvió al Departamento de Estado de EU como experto en asuntos militares y estratégicos de 1980 a 1997 con especialización en control de armas estratégicas y sistemas de armamento estratégico de la URSS y China. Ha sido colaborador cercano del director de Inteligencia Nacional de EU, John Dimitri Negroponte. Fue cónsul en Guadalajara y después en la embajada de Estados Unidos en México de 1988 a 1997. Actualmente trabaja en el sector privado.

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